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La obra pictórica de Pablo Rey participa del discurso modificador de la presencia en la representación. Los cuadros devienen intervalos creados que exploran su propio espacio en el ámbito de la pintura. Descubren una mirada capaz de descomponer y escudriñar lo aparente. De este modo surge la idea de rectificar mediante la corrección algo existente, para crear a partir de ello una nueva realidad. El existente se aleja de la forma del objeto sustancial, incluso del referente. Surgen espacios de conciencia, entendiendo que la conciencia es la verdad del ser, la verdad como presencia encontrada en la magia de la representación. Esta nueva realidad implica construir un espacio pictórico nuevo, autónomo, porque posee sus propias leyes, y estas le permiten funcionar como tal. Es desde dicha perspectiva que Pablo Rey percibe la pintura como medio para alcanzar un fin. Su lenguaje se manifiesta creando desde el umbral, como espacio de encuentro entre los conceptos de construcción y destrucción, buscar modificando para encontrar. Otras veces parece trabajar desde detrás de la tela, desde dentro de la realidad, penetrando su dermis, incluso rasgándola. Entonces utiliza la intervención de un medio ajeno a la pintura, como es la máquina de lijar. Ello le permite alejarse de esta pero sin desvincularse. La máquina introduce el azar. Su incisión sobre la tela puede ser substituta del tiempo que va alterando y mudando la realidad. La obra de Pablo Rey parte principalmente de visiones de la calle, le inquieta expresar la realidad que le rodea. Una realidad en apariencia muy urbana. Se interesa por la experiencia vital de la ciudad, con una fijación especial en el muro y el graffiti, aunque su interés se centra más en la idea, en el concepto visual y la actitud que no en una mimesis formal de lo que representan. La serie Correction (1998-1999) recuerda al entramado de una gran urbe, con su enorme red de comunicaciones, ya sean viarias, cableados o virtuales. En definitiva, conductos que comunican, construyen y modifican diferentes espacios. Muchedumbres que se desplazan. Pinturas que tratan de aprehender el orden que se establece en este aparente caos, siendo la estela la única huella que se puede seguir en la inmediatez de la presencia, en un tiempo ausente. Estas sensaciones de una sinestesia urbana no se alejan demasiado del concepto de una realidad selvática. La lectura transfigurada de la realidad que nos rodea queda plasmada mediante pinceladas anudadas, registros de diferentes percepciones, cuadros polifónicos, o Campos Policrónicos (2000). Multiplicidad de espacios que revelan visualmente de forma simultanea acciones, signos, conceptos, tiempos. En estas obras Pablo Rey está muy cercano al universo de la danza, a la música de las esferas. El ritmo subyace en el trazo que libera a la forma de sus contornos. En el discurso de Pablo Rey cada vez es más evidente la necesidad de lo automáticamente espontáneo, así su lenguaje pictórico se va concretando en un tejido de atmósferas cromáticas, espacios en donde la corporeidad de la luz es posible. En Autoacumulación (2001), una amalgama de impresiones eclosionan, como en una aparente primavera, creando una dimensión lúdica donde se fusiona lo aparente, lo óptico y lo irreal. Ámbitos transformados ya sea por el azar o mediante la ausencia como huella de una presencia anterior, resaltando una textura de vacío; la imagen fosilizada, textura en el tiempo, testimonio de una existencia perteneciente a otra realidad, emergen en Espacios Modificados (2001). A su vez, Espacio Regulador (2001) se equilibra en el sosiego del tiempo; el instante prolongado de una pincelada sostenida ante el impulso de la inmediatez, de una ejecución sin rectificaciones. Los espacios vacíos que forman parte de la urdimbre que se ha ido tejiendo, toman protagonismo en la serie Caprichos (2002). El color plano fluye libremente por entre un medio abierto. Imágenes que evocan sutilmente un cierto carácter pop. En conjunto, la obra de Pablo Rey manifiesta un hilo dialógico que permite establecer un discurso acorde, basado en los múltiples interrogantes que propician la diversidad de realidades válidas en el contexto heterogéneo de nuestra contemporaneidad.
Pilar Giró
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