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ESPACIO REGULADOR, 2006-2008
Pilar Giró,(Historiadora
y crítica de arte).
La
búsqueda de la pureza y de la síntesis son premisas fundamentales
en el desarrollo del lenguaje plástico de Pablo Rey. Del mismo
modo que eliminar la anécdota de cada trazo dibujando el perfil
de un espacio trazado a partir del color. De este modo la presencia de
la pintura invade todo el discurso, ya sea el compositivo, el sensitivo,
el emocional. En Espacio Regulador el trazo marcado por las líneas
se acorta, pero tal vez la comunicación entre los intervalos creados
entre los diferentes trazos cobra relevancia. Espacio que puede ser interpretado
como el silencio necesario para pensar y reflexionar, silencio buscado
en una sociedad contemporánea en la que el mundo no duerme ni descansa.
El tiempo transcurre rápido, la pincelada también y la mirada
se detiene ante fragmentos de un todo, fragmentos capaces de seducirla
y llevarla a contemplar cada rincón de la tela.
La contemporaneidad de estas obras también puede encontrarse en
el tiempo y modo de lectura, donde cada quien puede marcar su inicio y
final, incluso detener y suspender el tiempo de diálogo en función
de la necesidad que dictamine la mirada. Así como Proust buscaba
un tiempo perdido y las pinceladas de los impresionistas luchaban por
captar el instante, o Joyce rompía con la narrativa cronológica
y situaba en un mismo plano diferentes espacios y tiempos, invitando al
cubismo; la pintura de Pablo puede acercarnos plásticamente al
lenguaje informático, en el que la información fluctúa
hasta que alguien la detiene unos instantes para absorberla.
La pintura de Pablo Rey, particularmente en esta serie, transmite una
sensación de frescor y espontaneidad casi lúdica, de un
trazo firme, seguro, limpio, suelto, me atrevería a decir que,
en ocasiones, incluso feliz. Él mismo afirma que le gusta y le
apetece jugar como un niño, busca esa libertad sin prejuicios que
caracteriza el atrevimiento de la infancia, pero de otro lado asume la
necesidad de tener un concepto claro de lo que es y lo que no es la pintura.
Jugar a ser niño acotando los espacios de adulto son pautas que
marcan un trabajo perfilado en el complejo equilibrio entre los impulsos
racionales y los emocionales, a su vez ejes clave para lograr guiarse
en la obra de este artista.
Espacio Regulador ofrece espacios pictóricos que invitan y provocan
que de la imaginación fluyan las más diversas sensaciones.
Aparecen en esta serie elementos apuntados con anterioridad en su pintura.
Las atmósferas de fondo que van hilándose desde Landscapes
of New York. La danza de la línea o la caligrafía del trazo
enlaza con planteamientos insinuados en Correction, Campo Policrónico,
Ámbito de Acumulación y se manifiesta como una evolución
de los Estados Complementarios. La densidad del color hasta llegar a la
pasta de la pintura también sugiere texturas exploradas en Estados
Superpuestos.
Desde una primitiva visceralidad en el impacto del color, hasta la más
elaborada trama de percepciones escondida en la sutileza espontanea de
una pincelada que permite al color flotar en el plano juega seriamente
con el espacio. Las composiciones que dan lugar a esta serie permiten
olvidar el espacio plano de la tela y dan paso a la conjunción
de los sentidos: tienen cabida el movimiento en el trazado de las líneas,
la luz encerrada en las formas o la sonoridad irradiada por las diferentes
densidades de color y textura.
La conjunción de los sentidos representa una realidad nueva en
el código expresivo. Dar forma a las sensaciones y a las impresiones,
inventar un código, deja vía libre a la reflexión.
Este discurso es el que Pablo Rey transforma en pintura. Este nuevo espacio
vertiginoso en el sentido que propone sensaciones semejantes a las que
produce el primer paso que se da en solitario ante una nueva realidad,
aunque esta sea una realidad interior que solamente el arte puede hacer
visible. El interés de Pablo Rey por la representación abstracta
se fundamenta en que se trata de un tipo de expresión que no coarta
al espectador, no le limita por los significados acotados en formas reconocibles,
al contrario se abre a la reflexión.
Pablo Rey concibe la obra como espacio abierto en sí mismo, dialoga
con la pieza en función de los recursos personales, nada condiciona
ni ciñe la posibilidad de una lectura, al mismo tiempo que justifica
las múltiples realidades de un mismo objeto. En la obra aparecen
sensaciones, diversos estados, diferentes organizaciones de estructuras.
En definitiva el cuadro se plantea como un espacio abierto en donde la
empatía de cada quien otorgará su significado. El resultado
será tan plural y diverso como la mirada misma. Las pinceladas
se transformaran de manera casi mágica en insectos, estrellas,
cadenas de producción, paisajes vistos de cerca, mundos microscópicos…
Al final del proceso pictórico, ante el equilibrio que ponderan
las piezas todo parece que está en el lugar donde ha permanecido
siempre, como si el lienzo en blanco jamás hubiese existido. Esa
es la esencia del arte. En pintura la libertad de creer en la luz para
manifestar el conocimiento y compartirlo al mundo. Como manifiesta Pablo
Rey, “El cuadro habla conmigo, la mancha se ve antes de hacerla,
me pide donde ubicarla. Se produce un diálogo entre el sentimiento
de la creación y lo que está en el cuadro. Cada pincelada
ya no es ni mía, viene delante de mí.”
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Espacio regulador PR
34, 40x50 cm. Acrílico sobre lienzo SFG 2007 |
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