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PRESS
RELEASSE
Esta instalación está compuesta de siete piezas de diferentes colores que se suceden verticalmente una detrás de otra formando una escalera imaginaría. Una escalera que plantea una metáfora sobre la conexión entre la tierra y el cielo, de lo terrenal a lo espiritual, a partir de su propia estructura y de los diferentes colores, desde el rojo pasando por marrones, verdes, azules, al blanco. Cada una de las piezas posee su propio mundo pictórico con una autoorganización libre del espacio, que se repite en cada pieza, pero a la vez manteniendo su propia singularidad, y participando cada una por separado en la conjunción de la obra como un todo. La obra tiene la intención de crear un diálogo con el espacio de la galería, presentándose en la pared principal de una forma mínimal, haciendo de la obra el centro visual del espacio, creando una relación entre la pieza y el entorno, el contenido y el continente. El objeto recogido dentro de un espacio que lo recibe al estilo de una capilla, así, la galería, participa como objeto y parte de la instalación. La instalación plantea hacer una reflexión sobre un aspecto de nuestro ser: el hecho de la presencia de una relación vertical del ser humano en su existencia, la realidad de la relación del hombre con el misterio, con lo espiritual. En la perpendicularidad de la obra y a través del transcurrir de los colores, destacar esta relación vertical, diferente a la horizontal que mantenemos con las cosas y personas que nos rodean. Así, la sucesión de las piezas, desde el rojo intenso de la tierra, pasando a los marrones y verdes del paisaje, el azul del cielo y el blanco de lo espiritual, vendría a ser una metáfora del transcurrir de nuestra propia vida como un aprendizaje, desde nuestra parte humana más básica hacía lo más humanamente trascendente, y cada peldaño de la “escalera real” nos conduce, irremisiblemente en el tiempo, y a pesar de nuestros desvíos, caos internos y negaciones, a lo que en realidad somos y a donde pertenecemos: al “reino” del espíritu, de lo puro, de la luz, del amor.
Williamsburg,
Brooklyn, NY 2002
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